
En Marruecos, en la pura y carnal atmósfera de los Hammams, los velos desaparecen. Es en ellos donde las mujeres cultivan el arte del bienestar, el placer de mimar sus cuerpos. Y es en este ambiente íntimo y femenino en el que se transmiten sus secretos de belleza. Hay un secreto en particular, un gran secreto ancestral, el aceite de Argán.
Su composición, que hace del argán el aceite más equilibrado y único, le confiere múltiples beneficios científicamente probados. El aceite de Argán presenta un porcentaje excepcional de ácidos grasos esenciales, (AEG) en alta proporción: Ácido Oleico 45%, Linoleico 35%, linolénico 50%, Araquidónico 1%, Gamalinolénico 3%, contiene grandes cantidades de Tocoferoles (Vitamina E, tres veces más que el Aceite de Oliva), Fytosteroles (D-7steroles) y Squalene.
Estos ácidos grasos estimulan la oxigenación intracelular y favorecen el restablecimiento de la capa hidrolipídica de la piel. Los ácidos grasos esenciales compensan la sequedad y pérdida de elasticidad que originan la aparición de arrugas. La piel gana elasticidad y tonicidad y se vuelve mas firme.
Esta acción beneficiosa contra el envejecimiento celular se refuerza gracias a un alto contenido en vitamina E (tocoferoles), hidratante y cicatrizante, pero sobre todo es uno de los más poderosos antioxidantes biológicos y neutraliza los radicales libres. La vitamina E protege la membrana celular contra la oxidación de lípidos y por lo tanto ralentiza el proceso de envejecimiento celular.